El viaje de ida y vuelta de Deepnude

Por Nubbitel

marzo 23, 2022

En días pasados te hemos estado hablando de DeepFake, la tecnología que permite editar vídeos falsos de personas que aparentemente son reales, y cuyo uso está condicionando la percepción de la realidad en las redes, por ejemplo, con el caso que comentábamos de los presidentes ruso y ucraniano “fake” que han venido circulando. Te contábamos cómo es una tecnología que es ya un arma de propaganda y que se viene utilizando en otros muchos ámbitos, no lo negaremos, casi siempre para mal.

Hoy te hablamos de un ejemplo de Deepfake que, aunque se trata de una noticia un poco antigua (2019 es MUY antiguo si hablamos de tecnología), en su momento, tuvo bastante repercusión: la creación de la aplicación Deepnude. Sé que desde estás páginas tratamos de acercarte lo último de lo último en nuevas tecnologías, y el tema en cuestión, queda ya bastante atrás, sin embargo, creo que es interesante comentarla porque, qué duda cabe, las posibilidades de la tecnología y su compatibilidad con la ética, son y serán un punto de debate constante para el futuro que llega.

Hablamos de Deepnude.

Deepnude es, mejor dicho, era, una aplicación que, a través de inteligencia artificial y redes neuronales, eliminaba la ropa en imágenes de mujeres y las convertía en desnudos absolutamente realistas. No tenía ningún misterio: subías la imagen de una mujer con ropa y la app creaba una imagen igual, pero sin ella, de una manera realmente creíble. Eso sí, el propio programa etiquetaba la imagen como “fake”. Estaba todo perfectamente pensado. Por un lado, una versión gratuita con limitaciones y marca de agua y, por otro lado, la versión de pago, nada barata, por cierto, (casi 100 dólares), que reducía sentiblemente la etiqueta “fake”, mejoraba el resultado de la “creación” y, además, permitía exportarla a resolución completa.

La propia promoción de la aplicación, abundaba en viejos patrones que podrían parecer desterrados, pero, desgraciadamente, para nada lo están.  Su lema oficial rezaba “el superpoder que siempre quisiste tener”, rememorando el viejo mito de las gafas que prometían atravesar la ropa. No hay lugar a dudas sobre el indudable componente machista de la aplicación. Funcionaba exclusivamente con fotos de mujeres. Si tenías la idea de subir una foto masculina, Deepnude devolvía un resultado “feminizado” en el que el original aparecía desnudo con genitales y pechos de mujer. 

Imagen de DeepNude

Sin embargo, su creador explicaba esta exclusividad femenina tras la excusa de que las imágenes de mujeres desnudas eran más fáciles de encontrar en la red, prometiendo, en el futuro, realizar una versión masculina de la misma. Por cierto, el autor era un personaje misterioso que decía proceder de Estonia y llamarse “Alberto”. Hasta ahí puedo leer.

Lo curioso fue el escaso recorrido que tuvo la app. A los pocos días aparecía la noticia de su retirada. La primera razón, “sobrecarga en el servidor”, algo que, en el mundo en el que vivimos, no parecía nada extraño tratándose de semejante contenido. Tras esta primera excusa, vinieron más explicaciones. En primer lugar, se mostraban sorprendidos por la repercusión de una app de la que esperaban bastante menor recorrido. Y, a partir de ahí, consideraban que había una alta probabilidad de que se realizase un mal uso de la misma, considerando que “el mundo aún no estaba preparado para DeepNude”. Y desde aquí nos preguntamos, ¿qué buen uso podía esperarse de una aplicación que puede desnudar a alguien sin su consentimiento?

 

Imagen de DeepNude

A veces, uno tiende a pensar que la sociedad madura, que avanzamos en la igualdad, que las tecnologías mejoran nuestra vida y que, gracias a la tecnología, vamos construyendo un mundo más igualitario y justo cada día. Pero, en otras muchas ocasiones, viendo noticias de este tipo, podemos concluir que la tecnología también puede servir para perpetuar patrones y defectos que sería deseable fueran desapareciendo de la sociedad. DeepNude tuvo una corta trayectoria. Pero, desgraciadamente, todos los males que se escondían tras la aplicación, permanecen en la sociedad y siguen muy presentes en un importante parte de la misma. Aparte de que el hecho de que no haya una aplicación “bandera” del desnudo falso como ella, está muy lejos de significar que la tecnología no exista, esté a día de hoy muy mejorada, y se siga utilizando, como hablábamos al principio, casi siempre para mal.

Y luego, puestos a ser paranoicos, está el pensar todo lo que se puede hacer con las imágenes que, en uno u otro momento, hemos subido a la red. Pero ese es otro melón que prometemos abrir específicamente en otra ocasión.

 

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